La distribución, la iluminación, los materiales o incluso las formas que nos rodean pueden cambiar la manera en la que vivimos una jornada laboral. Expertos en espacios de trabajo e interiorismo explican qué características debería tener un entorno pensado para favorecer la concentración, la creatividad y el bienestar.
La productividad suele asociarse a la gestión del tiempo, la organización de las tareas o las herramientas digitales. Sin embargo, existe otro factor que acompaña al trabajador durante toda la jornada y que no siempre ocupa el mismo espacio en la conversación: el entorno físico en el que trabaja.
La evolución hacia modelos híbridos ha hecho que esta cuestión cobre todavía más importancia. La oficina debe responder a nuevas formas de colaboración y concentración, sin perder de vista el bienestar, mientras que el hogar ha tenido que incorporar espacios capaces de acoger una actividad profesional sin perder su carácter doméstico.
Desde la arquitectura hasta el interiorismo, la pregunta empieza a ser otra: ¿cómo debería ser un espacio para que las personas puedan trabajar cómodamente, concentrarse y, al mismo tiempo, sentirse bien en él?

Una oficina no debería obligarnos a trabajar siempre de la misma manera
Una de las principales transformaciones de los espacios de trabajo tiene que ver con la necesidad de ofrecer diferentes ambientes dentro de una misma jornada.
“Una persona no necesita las mismas condiciones para hacer una videollamada que para concentrarse durante dos horas o mantener una reunión creativa. Por eso, los espacios de trabajo más interesantes son aquellos que ofrecen alternativas: zonas más silenciosas, lugares para colaborar, espacios de reunión y también áreas donde poder hacer una pausa”, explica Nieves Ramos, experta en Recursos Humanos y directora de Optimismus Coworking.
La arquitectura deja así de plantearse únicamente desde la cantidad de puestos disponibles para empezar a considerar qué actividades tienen que poder desarrollarse en ellos.
En un espacio como Optimismus, esta filosofía se traduce en la convivencia de puestos de trabajo, despachos, salas de reuniones y zonas comunes. El objetivo es que el usuario pueda cambiar de entorno en función de lo que necesita en cada momento, pero también que el propio espacio genere una experiencia y acompañe de manera diferente cada momento de la jornada.
“Un espacio de trabajo no debería limitarse a ser funcional. También tiene que generar una experiencia: que al entrar te resulte agradable, que te invite a quedarte, a concentrarte o a relacionarte con los demás. Pasamos muchas horas en estos lugares y, por eso, aspectos como la luz, los materiales, las formas o incluso cómo se distribuyen las zonas influyen también en cómo nos sentimos. La clave está en crear un entorno en el que trabajar no sea simplemente ocupar un puesto, sino sentirse cómodo y formar parte de un espacio”, explica Nieves Ramos.

La arquitectura también influye en cómo trabajamos
Más allá de la distribución, otros elementos pueden contribuir a generar un entorno más agradable. Las formas curvas, por ejemplo, están ganando presencia frente a los espacios excesivamente rígidos.
“Las líneas curvas pueden ayudar a romper la sensación de rigidez y generar ambientes más amables. No hacen que una persona sea más productiva por sí mismas, pero sí pueden contribuir a crear espacios más agradables, especialmente en zonas destinadas a la colaboración”, explican desde Optimismus.
También los materiales naturales, las plantas o las diferentes texturas pueden ayudar a crear espacios más orgánicos y menos impersonales.
“Un entorno de trabajo no tiene por qué parecer un laboratorio. Incorporar madera, textiles, plantas o elementos personales puede hacer que el espacio resulte más acogedor, siempre manteniendo un equilibrio con el orden y la funcionalidad”, añaden desde el coworking situado en la zona Conde de Orgaz – Arturo Soria en Madrid.

Luz y orden: dos elementos esenciales en el bienestar
La iluminación es otro de los aspectos que debería plantearse desde el principio. “En el caso de teletrabajar, siempre que sea posible, lo ideal es colocarnos cerca de una fuente de luz natural, evitando reflejos directos sobre la pantalla. La iluminación auxiliar también permite adaptar el espacio a diferentes momentos del día”, explican los expertos en decoración de la firma francesa de mobiliario a medida Schmidt.
Los estores o cortinas pueden ayudar a regular la entrada de luz natural sin oscurecer completamente la estancia, mientras que una lámpara orientable permite dirigir la iluminación hacia la superficie de trabajo.
El almacenamiento cumple, por su parte, una doble función: mantener el orden y permitir que el espacio de trabajo pueda desaparecer visualmente cuando termina la jornada. Las soluciones multifunción de Schmidt, como escritorios que combinan superficie de trabajo y almacenamiento, responden precisamente a esta necesidad.

Trabajar mejor también significa poder desconectar
Un espacio productivo no tiene que estar diseñado exclusivamente para trabajar. “Si todo el entorno está pensado para producir, resulta más difícil generar una verdadera pausa. Las zonas de descanso permiten cambiar de contexto y forman parte de una jornada sostenible”, señala la directora de Optimismus.
Esta idea también puede trasladarse al hogar mediante soluciones que permitan que una misma estancia tenga diferentes usos. Una biblioteca con zona de asiento, por ejemplo, puede funcionar como almacenamiento durante la jornada y convertirse después en un rincón de lectura.
Femenino y plural comparte la idea de que el objetivo no es crear espacios que nos hagan trabajar más, sino entornos que nos permitan concentrarnos cuando toca, relacionarnos cuando lo necesitamos y desconectar cuando llega el momento.


