La polémica surgida en torno al reciente informe de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) sobre alimentación y menopausia ha vuelto ha poner el foco sobre una cuestión que continúa pendiente: la necesidad de que la salud de las mujeres se estudie y se aborde teniendo en cuenta sus necesidades específicas.
El debate generado por el uso de datos procedentes de hombres en algunas de las recomendaciones dirigidas a mujeres menopáusicas pone de actualidad una brecha que va más allá de la investigación científica. También se refleja en cómo se
perciben los síntomas femeninos, cómo se diagnostican y, especialmente, en la forma en que las propias mujeres sienten que se escucha su dolor.
Precisamente, el Estudio sobre Brecha de Género en el Dolor Ginecológico de INTIMINA, marca referente en salud íntima femenina, realizado en febrero de 2026 donde participaron 700 mujeres y 700 hombres repartidos por toda España, revela que el 65 % de las mujeres durante el último año han experimentado dolor físico significativo en relación con su salud ginecológica. Para un 23 %, además, este dolor se produce con frecuencia.
El problema no termina en experimentar dolor: el 45 % de mujeres reconoció haber dejado de realizar actividades de ocio, trabajo o deporte por los síntomas físicos de su salud íntima, y el 70 % afirma que estos problemas les afecta o les ha afectado psicológicamente en algún momento.
“Lo que estamos viendo estos días demuestra que la brecha de género en salud no es una cuestión del pasado. Cuando hablamos de salud femenina necesitamos datos que representen realmente a las mujeres, pero también una escucha activa de sus experiencias. Nuestro estudio muestra que todavía existe una distancia importante entre lo que las mujeres viven y cómo se percibe o se atiende su dolor”, señala Pilar Ruiz, Marketing & Communications Manager de INTIMINA Iberia.

Una brecha en la percepción del trato sanitario
Uno de los datos más reveladores del estudio apunta directamente a cómo se interpreta la atención médica y es un asunto que preocupa a Femenino y Plural. Para la mitad de los hombres, el dolor de los hombres y las mujeres se trata por igual en el sistema sanitario, mientras que solo el 30 % de las mujeres comparte esa percepción de igualdad. Es más, 1 de cada 3 mujeres cree que el dolor masculino se trata con mayor rigor y seriedad que el femenino. Esta diferencia no es menor. Mientras la mayoría de los hombres percibe equilibrio, una parte significativa de las mujeres detecta un sesgo o, al menos, no siente que exista plena equidad.
La brecha no solo refleja opiniones distintas, sino experiencias distintas. Tiene que ver con cómo históricamente el dolor femenino ha sido normalizado, minimizado o atribuido a factores emocionales. En este aspecto, la Dra. Mercedes Herrero, ginecóloga, sexóloga y colaboradora de INTIMINA, subraya que “muchos de los problemas ginecológicos están invisibilizados. Se normaliza el dolor, tanto con la regla como en otros momentos del ciclo, como la ovulación. Es un parámetro difícil de medir.” Por ejemplo, 7 de cada 10 encuestadas (73 %) admitieron haber recibido mensajes como “es estrés”, “es ansiedad” o “es normal” al hablar de su propio dolor íntimo, y un 24 % reveló que, pese a tener dolor, nunca ha llegado a obtener un diagnóstico, siendo esta la respuesta más repetida en cuanto al tiempo de diagnóstico. Sobre esto último, la Dra. Herrero hace referencia a la endometriosis, destacando que “tarda años en diagnosticarse. En España se estima que de media entre siete y diez años. Por eso, educar a las mujeres sobre qué es lo normal en cuanto a su dolor ginecológico puede ser clave para que pidan ayuda.”

La cultura del aguante: cuando el dolor se normaliza
El estudio también evidencia una dimensión cultural profundamente arraigada: la obligación de resistir. Tal y como muestra la encuesta de INTIMINA, un 77 % de las mujeres se siente obligada a aguantar más el dolor. Algunas de las razones más frecuentes por las que sienten esto son la normalización del dolor menstrual, la falta de formación sobre salud femenina y estereotipos sobre que las mujeres exageran.

Esta cultura del aguante convierte el dolor en algo que debe soportarse en silencio. De hecho, más de la mitad de las mujeres afirmó no manifestar su dolor o incomodidad de forma habitual o muy habitual por vergüenza en el entorno personal o profesional.
No solo se observa esto en términos de dolor menstrual o en los síntomas de la menopausia. También se manifiesta en momentos críticos como el posparto. La cesárea, una cirugía abdominal mayor, es un ejemplo claro. Aunque existe consenso tanto en hombres como en mujeres (68 % y 69 % respectivamente) en que debería tratarse con el rigor de cualquier intervención quirúrgica y que debería tener una baja médica de recuperación independiente al permiso de maternidad, solo el 10 % de mujeres cree que se trata con el mismo rigor de reposo absoluto que una cirugía abdominal masculina. Además, de entre las mujeres que habían vivido una cesárea o una episiotomía (55,29 % de las encuestadas), un 64 % afirmó que se le exigió estar operativa para cuidar de otros antes de estar ellas recuperadas.

Hombres más empáticos y abiertos al diálogo
A pesar de esta brecha, el estudio refleja una evolución positiva en la actitud masculina hacia la salud íntima femenina. El tabú comienza a desvanecerse, con un 60 % de los hombres que afirman que no les incomoda hablar sobre la menstruación, dato que refleja un cambio cultural relevante respecto a generaciones anteriores. No obstante, la concienciación no es suficiente sin una base educativa sólida: un 91 % de los encuestados considera que debería enseñarse más sobre el dolor femenino, una cifra que demuestra una demanda social masiva de información. En definitiva, aunque el 71 % de la población reconoce que todavía queda un largo camino por recorrer, España avanza hacia un modelo donde la educación sea el pilar fundamental para erradicar definitivamente la brecha de género en salud.
Una conversación que INTIMINA lleva años poniendo sobre la mesa
La preocupación de INTIMINA por esta brecha no es nueva. Hace unos años, la marca elaboró The Equality Index, un informe centrado en analizar las consecuencias que tiene la desigualdad de género en la investigación y atención sanitaria, especialmente en el ámbito de la salud menstrual y reproductiva. El estudio planteaba cómo cambiaría la vida de las mujeres si su salud hubiera sido investigada y financiada históricamente con la misma prioridad que la masculina.
Entre sus conclusiones, el informe señalaba precisamente las lagunas existentes en la investigación sobre salud femenina y cómo estas pueden contribuir a que determinados síntomas se normalicen, se diagnostiquen tarde o no reciban la atención necesaria. Como ejemplo, recogía el retraso en el diagnóstico de la endometriosis y las dificultades de acceso a atención especializada durante la menopausia.
Ahora, los resultados obtenidos por INTIMINA en España permiten trasladar esa reflexión al presente: la brecha no solo se encuentra en cuánto se investiga, sino también en cuánto se escucha a las mujeres cuando hablan de su propia salud.
“Hace años nos preguntábamos cómo sería un mundo en el que no existiera la brecha de género en salud. Hoy seguimos viendo por qué esa pregunta continúa siendo necesaria. La investigación específica es fundamental, pero debe ir acompañada de educación y de una atención sanitaria que no dé por hecho que determinados dolores o síntomas forman parte inevitable de ser mujer”, apunta Pilar Ruiz.
*I Estudio sobre Brecha de género en el dolor ginecológico, realizado a una muestra representativa de 700 mujeres y 700 hombres españoles en el mes de febrero de 2026 mediante el método CAWI (Computer Assisted WEB Interviewing).


