Septiembre huele a vendimia

Septiembre tiene un aroma distinto. El aire empieza a refrescar, el sol dorado de finales de verano ilumina los campos con una luz más suave y la viña alcanza su punto álgido. Es la época de la vendimia, un momento mágico en el que la tierra entrega el fruto de todo un año de trabajo. Sin embargo, vivir esta experiencia en grupo transforma una simple labor agrícola en una aventura vital, un aprendizaje fascinante y un tributo a la buena vida.

Participar en la vendimia junto a amigos o compañeros es sumergirse de lleno en la cultura del vino desde sus raíces. Cortar los racimos a mano, sentir el peso de la uva madura en los cestos y pisar el terruño permite entender el vino de una forma imposible de conseguir leyendo una etiqueta. Entre hilera e hilera de vides, el trabajo compartido conecta al grupo con la naturaleza de una manera visceral. El esfuerzo físico se vuelve ligero gracias a las risas, las charlas improvisadas entre las hojas y la complicidad que nace de trabajar codo con codo por un objetivo común.

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A medida que avanza la jornada, la viña se convierte en un aula viva. De la mano de viticultores y enólogos localizados sobre el terreno, el aprendizaje se produce de forma natural. Se descubre el motivo por el cual la orientación de la parcela cambia el carácter de la uva, la importancia del clima en el dulzor del grano o los secretos que diferencian una variedad de otra. Ya no se trata solo de beber vino, sino de aprender a interpretarlo: comprender la acidez, el tanino, la fermentación y el largo viaje que recorrerá ese mosto hasta convertirse en una botella inolvidable. Cada racimo cortado aporta una lección sobre el valor de la paciencia, el clima y el respeto por el oficio tradicional.

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Pero si la mañana pertenece al aprendizaje y a la tierra, la tarde guarda el verdadero corazón de la experiencia: la mesa compartida. Cuando el sol comienza a caer y las tijeras de podar se guardan, llega el momento de la recompensa. Vendimiar abre el apetito y satisface la sed de convivencia. Alrededor de una gran mesa de madera, entre viñedos o en el calado de una bodega pretérita, se despliega un festín de gastronomía local. Embutidos artesanales, guisos tradicionales a fuego lento, panes crujientes y quesos curados acompañan las botellas que abren los propios anfitriones.

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Es en esa mesa donde la magia se consolida. El cansancio reparador del cuerpo se disuelve entre copas que brindan por el trabajo bien hecho. Las conversaciones fluyen más cálidas, las risas se multiplican y el vino servido adquiere un significado completamente nuevo. Ya no es solo una bebida; es el hilo conductor de la memoria, el sabor de la tierra que se acaba de pisar y la excusa perfecta para celebrar la amistad. Despedir septiembre vendimiando en grupo es, en definitiva, regalarse una vivencia donde la naturaleza, el conocimiento y la compañía se unen en una experiencia inolvidable. Una vivencia que desde Femenino y Plural invitamos a disfrutar en Torre del Marqués, en pleno corazón del Matarraña.

Vivir septiembre

Septiembre marca uno de los momentos más especiales del año en Torre del Marqués. Cuando los viñedos de Mas de Llucia alcanzan su punto óptimo de maduración, comienza la vendimia y, con ella, una nueva añada. Un proceso que este año los huéspedes podrán volver a descubrir desde dentro, formando parte de uno de los momentos clave del calendario vitivinícola.

Durante los tres primeros sábados de septiembre, el hotel propone una experiencia concebida para grupos reducidos que acerca al viajero al origen del vino y a la relación entre paisaje, variedades y territorio.

La jornada comienza con un recorrido en 4×4 por la finca Mas de Llucia, el viñedo ecológico integrado en la propiedad, para adentrarse en algunas de sus parcelas más representativas y conocer cómo las características de cada enclave influyen en la uva. Después llega el momento de participar directamente en la recogida de la uva, acompañándola posteriormente hasta las instalaciones de elaboración para descubrir qué sucede desde que abandona la viña y comienza a transformarse en vino.

Más que observar la vendimia, la propuesta permite formar parte de ella. Conocer el viñedo, tocar la tierra, recoger la uva y comprender de primera mano un trabajo estrechamente ligado a los ritmos de la naturaleza y a la tradición vitivinícola del Matarraña.

Una experiencia que culmina en la mesa

La experiencia continúa en la bodega con una cata de cuatro vinos ecológicos elaborados en la finca, a través de la que se descubren diferentes parcelas, variedades y añadas y se profundiza en la identidad vitivinícola de Mas de Llucia.

Como cierre de la jornada, Torre del Marqués propone un menú degustación maridado con sus propios vinos. Gastronomía y viticultura se encuentran así en una misma experiencia, poniendo en valor el producto, la temporada y el origen.

Una propuesta de aproximadamente seis horas de duración, pensada para un aforo limitado, que convierte uno de los trabajos más importantes del año en una oportunidad para descubrir el Matarraña desde una perspectiva diferente y prolongar la experiencia con una estancia en Torre del Marqués.

Rodeado de viñedos, bosques y naturaleza mediterránea, el hotel plantea así una escapada en la que el alojamiento es solo una parte del viaje: la vendimia, la gastronomía y el propio paisaje se integran para acercar al huésped a la esencia de la finca.

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María Victoria De Rojas

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